Intérpretes: Monica Vitti: Vittoria, Alain Delon: Piero, Paco Rabal: Ricardo
Director de Fotografía: Gianni Di Venanzo.
En El Eclipse de Michelangelo Antonioni la imagen de Monica Vitti es de una belleza pétrea, renacentista muy de Michelangelo. Así está dibujada por la luz de Di Venanzo. Es muy hermoso el rostro de Monica Vitti (Vittoria) redondeado pero a la vez anguloso, forma propicia a una iluminación bastante frontal, aunque no en esta escena, en la cual Vittoria llama por teléfono a Piero y no habla.

Existe un pensamiento visual, como señala Rudolf Arnheim. Pero, en lo que a la fotografía se refiere, este hecho parece manifestarse especialmente cuando es en blanco y negro, abstracción de la realidad visual reduciendo los colores a negro, blanco y grises, y haciendo mucho énfasis en las formas.
Un Eclipse es un oscurecimiento de la luz inaudito, la luna oculta el sol. Y, por tanto, el mismo título de la película hace referencia a su materia, la luz, y a un extraño fenómeno en lo que se refiere a ella.
En la escena en la que Piero y Vittoria hacen finalmente el amor, él esta vestido de negro, ella de blanco. Y de forma convencional la imagen funde a negro para ocultar y elidir el acto sexual. Éste estaría en relación por tanto con el eclipse, larga escena final de la película de campos vacíos, en la cual Piero y Vittoria, que se han dado cita a las ocho, no están, ni ningún otro personaje principal, en escena.

La película comienza con el diálogo entre Vittoria y Ricardo antes de que ella lo deje. Interpretado por Paco Rabal, es un hombre atractivo pero rudo.
El recorrido afectivo que realiza Vittoria se dirige de lo masculino más varonil, hacia el quizá aniñado Piero. Hombre de extraordinaria belleza interpretado por Alain Delon.

Si existe un pensamiento visual es que existe una dialéctica significativa, un sentido en la modulación de luz y colores, así como en la representación de iconos visuales.
En la película vemos marcadas de forma básica escenas de día y de noche. Pero incluso se manifiesta en la piel de los personajes, cuando Vittoria se disfraza como una africana de Kenia, «no hagas el salvaje» le dice su amiga de este país. En una charla racista la blanca keniana dice que los africanos o negros son como monos, es decir, animales. Se alude a la animalidad de Vittoria, a su pulsión sexual.
Los perros de la dueña de la casa, la blanca de Kenia, se escapan a la calle por la noche, y salen a buscarlos. «¿Cuál es el tuyo?» pregunta Vittoria, «Es el negro».
Una estatua negra u oscura de un ángel aniñado, de formas redondeadas, andróginas, es observado como algo enigmático por Vittoria.

Observar que es parte del mismo nombre del sujeto que enuncia y firma el film, Angelo.
A mí se me asemeja el ángel a Piero, y, antes de conocerlo, es como si prefigurase su aparición en la película.
Para Jesús González Requena («La Mujer y su deseo, El Eclipse (Michelangelo Antonioni, 1962» *) el filme trata sobre el deseo de Vittoria. Y reflexiona Jesús sobre ello, con asociaciones muy interesantes y enigmáticas: el éxtasis de Santa Teresa, la estatua de Bernini, la escultura, en la cual están representados, bañados por la luz divina, un ángel adolescente que con su flecha lleva a la santa al éxtasis místico, o transverberación: ser atravesada por una flecha que es como un fuego que arde el corazón. El ángel es el mensajero de la palabra de Dios. Hay que tener en cuenta que esta célebre estatua se encuentra en la iglesia Santa Maria della Vittoria en Roma.
Vittoria una vez que ha conocido a Piero demora el encuentro sexual con éste. Es manifiesto, al igual que aunque no tan exuberantemente barroco, su deseo por Piero. Es maravillosa la interpretación en este sentido de Monica Vitti.



Pero a Vittoria le da miedo querer tanto a Piero y, dice, tan mal. Y por ello cuando el le sugiere incluso el matrimonio ella duda. Piero dice que no entiende. y Vittoria contesta que lo que ella desea no se puede entender. El oscurecimiento precisamente señala la ausencia de forma, de percepción, de objeto y de entendimiento.
El beso y el acto sexual se demoran en el filme. Antes los amantes se besan incluso a través del cristal de las ventanas. Lo que claramente denota que en cierto modo se aman a sí mismos en el otro o que este narcisismo primero es como una defensa que contiene la violencia del deseo. Vittoria interpone una ventana entre ellos cuando Piero se dirige a besarla, y este la retira.
Es muy hermosa la escena de este otro beso.

Si hay algo que no se puede representar en blanco y negro son las flores.
En la escena en la bolsa, en donde trabaja Piero para la madre de Vittoria como inversor, cuando la bolsa cae y la gente se arruina, Vittoria sigue a un hombre que ha perdido 50 millones de liras, y observa como sentado en una cafetería dibuja en una servilleta unas flores. Recoge la servilleta y se la muestra a Piero diciéndole, voy a ver a mi madre, ella no dibuja flores.
Una de las imágenes más bellas y extrañas de la película es la de Vittoria observando este gran jarrón de formas que evocan los genitales masculinos, con grandes flores semejantes a girasoles, de las cuales no percibimos el color. Pero, curiosamente, si pensamos, también podría ser representación de los genitales femeninos.

Ella oscurecida, formando una silueta, con solo el brillo de la parte superior de sus cabellos. Y el jarrón de gran luminosidad, una luz blanca brillante.
Es, quizás, la representación, si reflexionamos sobre la imagen, de un eclipse. Y, además, ella, invirtiendo los tonos de la escena sexual, la mujer, es representada en negro, y, lo que alude al varón, además de con flores, el objeto de deseo y de fascinación para ella, ahora, es representado en blanco.
(*) González Requena, Jesús: «La mujer y su deseo. El Eclipse (Michelangelo Antonioni, 1962)» en VVAA: Antonioni , Michelangelo y las Montañas Encantadas. La intuición del hielo. Fundación Luis Sacane, Maia Ediciones. Madrid, 2010.